28 feb 2011
Siempre
Siempre. Siempre digo que soy libre y hago libre al otro. Que nadie está obligado a nada. Pero hoy tengo otro manifiesto. Hoy vengo con otro cuento y no me importa la coherencia, porque bien dicen que el ser humano es contradictorio, así que me aferraré a esto último para que mis receptores no crean en mi perdida de criterio. Siempre. Siempre se contestan los mensajes de texto, aunque sea con demora, pero se contestan. Debería constar en el contrato de telefonía móvil al adquirir una línea.
29 abr 2010
San Exped
Descubrí a San Expedito y su novena cuando fui a visitar a Naty a su depto. En plena charla en la cocina, miré sobre un estante angosto e infinito una cantidad de objetos que parecían ocupar lugar allí hace tiempo y entre tantas cosas y cosos reparé en un singular paquete con velas.Eso no era sólo montón de velas juntas, era todo un producto elaborado, un pack realmente pensado... Aquello contenía nueve velas exactamente iguales, para prender una por día en forma consecutiva, más una estampita del santo, instrucciones y una oración de súplica para llevar a cabo la novena, es decir un pedido mediante rezos y velas durante nueve días. Mi amiga inmediatamente me comentó su experiencia, lo "cumplidor" que resultó siempre San Expedito, los pedidos que le había hecho y los que le estaba por hacer. Entre sus peticiones la mayoría entraban dentro de la categoría "amor" o más bien "desamor". Por eso, me llamó la atención que no le rece directamente a San Antonio, puesto que mi abuela paterna me dijo alguna vez que éste es el patrono del cuore. También desconozco si San Antonio tiene un producto tan bien terminado como es el caso de San Expedito.
Con el tiempo adopté a San Expedito como protector personal, si bien el no posee escudo yo suelo imaginarmelo con uno y cuando me me siento completamente desprotegida, como me pasó en el momento de una entrevista de trabajo hace un tiempo, me gusta imaginarme que San Exped aparece en el lugar, justo cuando lo necesito, como un superheroe, y tras acomodar su escudo sobre el piso, se sienta en la silla más cercana a la mia, y enfrentados los dos al flaco de recursos humanos, escritorio de por medio, San Exped y yo nos acompañamos.
No sé en que creo o no creo y reconozco que la facultad terminó con la poca metafísica que me quedaba. Pero San Exped es especial. Simplemente me gusta creer que existe un ser incondicional que con solo gritar su nombre se hace presente y me abraza demasiado fuerte.
18 mar 2010
Backstage

-¡Les juro chicas, les juro que cada vez que lo veo siento que me meo!, nos decía Maro con palabras y con todo su cuerpo. Después de pasar el mate, uno nuevo super chic de silicona, se tiró en el sillón suspirando y con la mirada chispeante pensando en su chico.
Cuando el resto de las chicas contaba sus desventuras y aventuras, casi todas hablando al mismo tiempo, entre carcajadas que dificultaban terminar de entender alguno de los relatos, me fui a la cocina. Mientras el agua se calentaba e intentaba adivinar si estaba en el punto justo para retirarla del fuego, pensaba en que hacía mucho que no me sentía alborotada en cuerpo y el alma por un hombre. Me pregunto si será porque con el correr de los días se ama de una forma distinta o porque simplemente perdí en alguna sábana esa capacidad.
Como sea, hace tiempo siento que vivo el amor como detrás de escena. Como si en el momento culmine de un film, en ese instante sublime donde todo parece perfecto; la música, el paisaje urbano, quizá una delicada lluvia y el protagonista que finalmente besa a la bella dama, yo lo viviera desprovisto de toda emoción. Detrás de escena, donde, en lugar de vivir mágicamente el momento, puedo ver los cables que cruzan el estudio, al cámara intentando captar el momento justo y al muchacho de iluminación colgado de alguna parte.
20 feb 2010
Carrera de mentes
Me decís que es interesante lo que te cuento. Lo decís sin palabras, con un leve movimiento de tus cejas, que apenas puedo ver porque el marco negro de tus anteojos cuadrados impera en tu cara otorgándote identidad.La conversación resulta inicialmente fácil con tus preguntas generales que me conducen a respuestas prácticas, predecibles que no atentan contra la moral ni la buenas costumbres. Pero más tarde llegan otras que intuyo son el preámbulo para que puedas exponer a uno de tus “yo”, ese que más te gusta. ¿Qué leo?, pienso rápidamente cuál será la respuesta correcta para darte, pero, pese a no haberme demorado demasiado en contestar, parece haber sonado la campana que indica “tiempo” porque arremetes con un listado de títulos que te dejan hablando cómodo en la mesa que esta noche despejada y calurosa compartimos.
Ahora parece haber llegado mi turno. Menciono un par de autores y, acto seguido, reseño entre ellos lo publicado por un sociolingüista francés. Me aprobás, que bueno. Punto para mí.
Hablo y hablo, me escuchás, me escuchás, pero me cansa escucharme. Mi ego no quiere más sopa de letras. Vuelvo a cederte el mando discursivo.
Cambiás a la sección cine. Comenzás expendiendo un puñado de directores y cuando pasás a hablar sobre cine mudo es precisamente cuando dejo de escuchar. Todas las voces del bar se apagan para mí, veo tus labios y tus manos moverse, haciendo ademanes como poniendo énfasis en alguna idea. En medio de silencio comienzo a imaginar una escena de ningún film en particular sino una de nosotros dos. Te imagino desnudo allí mismo, sentado donde estás, en tu silla hablando fluidamente. En principio creo pensarte así para vulnerarte pero más tarde la intención cambia.
Te levantás y me besas. Con tus brazos fuertes me sentás sobre la mesita del bar. Mi vestido negro. Puedo sentir como nuestros cuerpos laten, como si tuviésemos corazones con arritmia en cada célula. Existe un magnetismo entre tu pelvis y la mía. Nos encastramos, encajamos como dos piezas perfectas. Nuestros ojos hablan lenguas extrañas, se carean, se piden, se dan; dejándonos de lado. Silencio y nuestra respiración. El tiempo pasa más lento visualmente, los minutos sin segundos. Ahora cada ejemplar, cada título que hemos presumido sale de nuestro cuerpo deshojándose sobre el piso al caer. Allí permanecen ignorados. Su contenido se vuelve materia, perdiendo legitimidad. Absurda la palabra.
¿Leíste a Fayerabend?, decís, trayéndome a la realidad.
Miro nuevamente tus anteojos cuadrados de marco negro que apenas percibía en nuestra cogida imaginaria y, mientras mencionás otro y otro libro, me pregunto con picardía si habrás leído el Kamasutra...
12 ene 2010
Luz propia
Hay días y días... Días lindos y feos, climáticamente. Días especiales, si existe algún acontecimiento en esas fechas...También, días que no nos pasa absolutamente nada...etc... Y hay días, por ejemplo, que se tiene más luz propia de lo habitual. Si, como si hubiésemos tragado una lamparita de un millón y medio de watts, convirtiéndonos sin querer en un velador andante, esos día nos encontramos increíblemente luminosas. Días que suceden sin más y en general, y contradictoriamente, con mucha menos producción. Hombres y mujeres parecen mirarnos al caminar, tanto que por un momento creemos tener la pollera levantada porque se nos ha atascado en la bombacha. Pero nada de eso, todo está en orden. Tampoco nuestra ropa se ve mal, al contrario, el vestido se siempre hoy nos queda mucho mejor y nuestro buen semblante parece el resultado de horas de sueño o de un retoque con un photoshop versión CS 1.500.No acabamos recién ni ayer, sin embargo, parecemos relajadas, satisfechas, con una gracia extra...
Días ideales para encontrarnos casualmente con un ex por la calle. Pero por eso mismo, por estar más bellas que nunca, seguramente no sucederá.
Esos días de luz propia, mis ojos rasgados me caen simpáticos, porque encuentro en ellos un brillo singular. Titilan y titilan como las luces del arbolito que ya descansan en alguna caja. Mis ojos esos días se niegan a mirar vidrieras y me dicen que no necestio nada más porque hay luz, luz propia.
5 ene 2010
Quién te preguntó
El hablador ansioso y el mudo que merece violencia pueden ser perdonados. Pero el sujeto masculino que no tiene perdón es el que habla por adelantado:- Yo realmente la pase muy mal, quedé muy marcado por una historia, no se si pueda volver a sentir algo fuerte por otra mina…,¿te jode lo que te lo comente? Es que me siento tan cómodo acá, en confianza y me pareces tan copada que me surgió decirlo...¿Entendés?
Si suponemos que esto fue dicho, por ejemplo, ante un reclamo de formalización femenina, estaríamos tan sólo ante una respuesta sincera, cordial y hasta justa, porque al final todos tenemos derecho a recular. Pero no, ésto se trata un comentario de un hombre hacia una mujer en un primer encuentro (no hace falta aclarar que muchas damas deben comenter la misma estupidez con los caballeros, ignorando así, que no siempre los machos que tienen delante esperan de cada mujer una esposa y seis hijos).
El caso es que, sea un tipazo o no, esta clase de sujeto baja el pulgar por las dudas y creé que de ese modo pasa a ser un desafío, un pop-star inalcanzable. Ahora debemos intentar por todos los medios combatir a la fulana esa que tanto daño le hizo y así lo dejó, incapaz de amarnos profundamente...
Lo paradójico es que casi siempre éstos son los mismos que después terminan volviéndose locos, y no de amor hacía una, de amor por ellos mismos... Después de sufrir en carne propia el rechazo se les hace insoportable la idea de no haber roto un corazón, o de no romper nunca ninguno. Por lo tanto, no pararán por largo tiempo de generar excusas poco creativas para tener alguna oportunidad de efectuar la rotura.
Volvamos entonces y pensemos posibles respuestas: ¿Te jode que te lo comente?
-No querido, yo también me siento cómoda y en confianza, por eso te cuento que me re cabe tu hermano...
-No, seguí hablando que te cobro la consulta.
-No, para nada. Y ya que da para la charla fuera de lugar, te cuento que en mi trabajo no cambian nunca el filtro del dispenser.
-No, decime como puedo ayudarte, dale mi amor… dejate amar…
-Te dejaron porque sos inseguro, pelotudo.
o, simplemente:
-¿Quién te preguntó?...
28 dic 2009
Inocencia pixelada
Escuchábamos la sirena del camión de los bomberos cada vez más y más cerca. Así despabilaba a toda la manzana que saltaba la siesta del sábado. Quitaba el velo tibio a la ciudad.
Todos escapábamos de los edificios tras el auto bomba que traía al impostor.
Mi madre quedaba atrás, lejos, parada en la vereda con el peine en la mano, rogaba que nos dejáramos hacer trenzas antes de la huida. Pero nosotras corríamos y corríamos riendo, en bermudas de colores por Villa Crespo, hechas para vestir pero no para lucir.
Esas tardes calurosas en vísperas de navidad todos asistíamos a la plaza en donde se estacionaba el camión de los bomberos. En el se encontraba alguien parecido a Papá Noel que nos saludaba y a veces nos regalaba caramelos. Sabíamos de que se trataba, nos era propio el evento y lo insignificante nos significaba. Después de eso, retornábamos entusiasmadas por Dorrego, tocando timbre y corriendo, molestábamos en cualquier edificio.
Pero en una de esas vueltas camino a casa crecimos y los discursos se volvieron premeditados. Nadie nos dijo que dejáramos de correr por aquellas causas, sin embargo, lo hicimos. Así corrimos por cosas y cosos. Por la primera y la última materia. Por el trabajo cool.
Yo no se cuándo las bermudas de colores aparecieron pixeladas. Las palabras de amor rasterizadas. Tal vez fue corriendo, pero cómoda en taxi, en dirección opuesta a la plaza y su ilusión.
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