28 dic 2009

Inocencia pixelada

Recuerdo aquellos primeros días de diciembre.

Escuchábamos la sirena del camión de los bomberos cada vez más y más cerca. Así despabilaba a toda la manzana que saltaba la siesta del sábado. Quitaba el velo tibio a la ciudad.
Todos escapábamos de los edificios tras el auto bomba que traía al impostor.
Mi madre quedaba atrás, lejos, parada en la vereda con el peine en la mano, rogaba que nos dejáramos hacer trenzas antes de la huida. Pero nosotras corríamos y corríamos riendo, en bermudas de colores por Villa Crespo, hechas para vestir pero no para lucir.

Esas tardes calurosas en vísperas de navidad todos asistíamos a la plaza en donde se estacionaba el camión de los bomberos. En el se encontraba alguien parecido a Papá Noel que nos saludaba y a veces nos regalaba caramelos. Sabíamos de que se trataba, nos era propio el evento y lo insignificante nos significaba. Después de eso, retornábamos entusiasmadas por Dorrego, tocando timbre y corriendo, molestábamos en cualquier edificio.

Pero en una de esas vueltas camino a casa crecimos y los discursos se volvieron premeditados. Nadie nos dijo que dejáramos de correr por aquellas causas, sin embargo, lo hicimos. Así corrimos por cosas y cosos. Por la primera y la última materia. Por el trabajo cool.
Yo no se cuándo las bermudas de colores aparecieron pixeladas. Las palabras de amor rasterizadas. Tal vez fue corriendo, pero cómoda en taxi, en dirección opuesta a la plaza y su ilusión.
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20 dic 2009

Olvidos involuntarios

¿Será él? No, no es. Si, si es él. No estoy segura, pero parece de espaldas.
Sentada en el subte debatía si el chico que estaba allí era Fernando. En todos estos años, desde que habíamos cortado, no se me había cruzado siquiera su nombre por la cabeza.
Mientras pasaban las estaciones intentaba ver su cara reflejada en la ventanilla. Pero finalmente se bajó y yo continué viaje quedándome con la duda para siempre. Duda con la que francamente podía vivir porque, por alguna causa que desconocía, su recuerdo no había sobrevivido al paso del tiempo.
Me bajé del vagón, saludé con un ademán al muchacho del saxo y seguí camino por los túneles subterráneos perseguida por la música que se expandía. Hacía un esfuerzo por recordar como lo había conocido, la fecha exacta era ahora un imposible, casi todo parecía difuso. Ya en las escaleras, que me parecían más mecánicas que nunca, me di cuenta que pese al año que habíamos compartido él se había convertido para mí en un muerto vivo. ¿Será que mientras unos se sepultan intencionalmente y, paradójicamente, nos asaltan cada tanto el pensamiento, otros simplemente no se sueltan voluntariamente sino que se zafan, así nomás…?
Inevitablemente me acordé de mi ex, que hace poco cumplió 27 años, y me atormentó pensar que a él le podría haber ocurrido lo mismo que a mí con Fernando, el olvido, el terminar siendo yo siquiera una más en su vida...
…Al final parece que todos queremos ser inolvidables, como las estrellas de cine.
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¡Hasta el año próximo!
¡Felicidades!

19 dic 2009

Buffet Froid



Pensaba si cocinar algo y qué para la Navidad, o cantar antes que nadie “Yo llevo el helado”.
Mientras me decidía, me acordé de un recetario bastante antiguo sobre buffet froid que había comprado usado, y también de mi tía que hace años atrás solía mencionar ese tipo de cocina, sobre todo una semana antes de la noche buena cuando se mataba cocinando.
Casi todos los meses recorro librerías en busca de publicaciones actuales o antiguas de textos, de ilustraciones o ediciones con alguna estética especial, y recetarios de cocina de ediciones antiguas, sobre todo aquellos que plasmen el paso del tiempo y así su obsolescencia –como los que enseñaban a hacer el helado usando la “heladerita Antártida”-, siendo algunos también testigos de una realidad socio-cultural y hasta política de un determinado momento.

Así, como tantas veces, volvía a casa feliz con uno de mis hallazgos, esta vez, un libro sobre buffet froid llamado “La cocina divertida” con más de treinta años, totalmente ilustrado y con cuatricromía. Pertenecía a una colección dirigida a “La mujer en sus primeros pasos en la cocina” y se trataba en general de instrucciones para hacer comidas frías formando figuras con trozos de distintos alimentos, por ejemplo, un cocodrilo con la mitad de un zuccini, los ojos con dos aceitunas rellenas y los dientes con pequeños triángulos de huevo duro etc…
En fin, podría haber sido un libro más pero no lo fue porque sucedió que en la cara impar encontré pegada una nota que decía:

Ana : Te hacemos llegar este humilde regalo de parte de mi mamá y de mi. Espero sea de tu agrado. Nos estaremos viendo pronto para festejar. Te quiero y te extraño. Daniel”.

Ante el descubrimiento sentí que había comprado en la librería un pedazo de historia totalmente impropia, un pedazo de historia que alguien deshechó sin siquiera esconder esas líneas.

Ignoraba por completo quién era Ana y quién Daniel, y si ese regalo era de un novio y su madre hacia su novia. De ser así, tenía curiosidad por saber si ellos habrían terminado casados, o quizá la relación nunca había prosperado y Ana habría tirado el recetario de buffet froid al demonio. Pensaba entonces que si Daniel aún seguía con vida podría haber sido él mismo el que, mientras buscaba libros infantiles para sus nietos, se encontraba con el viejo ejemplar entre el montón y a sólo diez pesos... Pobre Daniel.

Desde ese entonces disfruto de mis pesquisas como siempre, pero soy consciente que puedo ser yo la que encuentre un libro dedicado de mi puño y letra... hacía algún rufián, que frío, cruel y despojado ofertó en alguna librería de descuento.

Creo que voy a llevar una chocotorta con forma de tortuga...




10 dic 2009

Fuegos artificiales

Después de la cena y a medida que las agujas del reloj se alínean en el número doce, me pongo melancólica y patética.
Siempre, cuando termino de completar la vuelta a la mesa brindando con todos los invitados que se suceden en el trayecto, me siento a un costado y sigo tomando.
Siento entonces como si estuviese en un plano casi cinematográfico. Si, como una proporción áurea dividida en dos rectángulos por una línea delgada. O como en cualquier programa tv, donde se emiten dos imágenes, en vivo y en simultáneo.
En uno de los rectángulos estoy yo, mi imagen, con una copa en la mano y la mirada perdida, metiendo cada tanto y en forma automática alguna garrapiñada en la boca.
En el otro rectángulo esta él. Allí se proyecta en paralelo el hombre que tanto quiero pero que hace semanas parece no querer perdonarme. Está bebiendo pausadamente de su copa, pensativo, manso, con la guardia baja porque la paz y el amor de las vísperas lo contagian.
Desde el plano contiguo lo extraño intensamente e intuyo que estamos en la misma frecuencia pese a la distancia. Cantidad de imágenes juntos pasan por mi mente recordando, e imagino que a él también le llegan, junto a otras actuales de fuegos artificiales. Un jazz, melodía conmovedora, musicaliza y se entremezcla con el choque de la loza que está siendo retirada más el sonido metálico de los cubiertos y las conversaciones de los invitados. Todo logra una atmófera emocionante.
Abruptamente, él del otro lado de la línea se pára y saca del bolsillo delantero su celular. A la par hago lo mismo y escribo impulsivamente un sms: "Perdoname mi vida, terminemos la noche haciendola buena, te quiero sabés"... Pero dudo, lo pienso una vez más...y me detengo. Desde su parte del plano, él ha terminado de redactar el suyo que dice: "Hey hijo de puta!, feliz navidad, donde está la joda hoy?", sin titubear marca en su celular: "send to Tito".
Ahora se escucha "Noche de paz", versión Sumo.

Feliz Navidad y Año Nuevo. Cuidado con los fuegos de artificios en estas fechas tan emocionales...

7 dic 2009

El origen del amor

En el cuento "Noches Blancas" de Dostoievski, un hombre conoce en San Petersburgo a Nateska, una joven que aguarda fiel hace más de un año la vuelta de su prometido a la ciudad. El solitario hombre acompaña a la muchacha en los últimos días de espera y termina enamorándose de ella, pero desgraciadamente la rusa le dice:

(...)-¡ Es usted tan bueno! Sino me conmoviese su bondad, sería de piedra. ¿Sabe en lo que estoy pensando? Acabo de comparar a ustedes dos en mi pensamiento. ¿ Por qué él y no usted? ¿Por qué no se le parece? Usted es mejor que él, aunque a él lo quiero más.(...)

Entonces me pregunto qué nos hace elegir a una persona y no a otra en el amor, cuántas veces hemos forzado historias con final cierto, con tal de paliar soledades. Cuántas hemos revoleado los ojos, incomodos ante un "te amo" que no esperábamos, y cuántas más no fuimos correspondidos por el hombre perfecto.

Existe un misterio en esa conexión inmediata, que no siempre puede fundamentarse en el desconocimiento del otro y en la consecuente idealización. Hay algo inexplicable que hace que uno elija a una persona sobre el resto y mañana a otra sobre todos los demás.

Algunos encontrarán respuestas en la sicología, donde todos buscamos desesperadamente una nueva mamá o un nuevo papá; en la magia, donde nuestro destino parece estar determinado, o en cuestiones supuestamente objetivas... Pero también, un gran amigo de una personalidad muy particular y adicto a Discovery Chanel, -quien además no perdonará que haya citado a Fiódor en este contexto- sostuvo siempre que la atracción inmediata se debia a una sensación positiva provista por nuestro sentido olfativo, teoría que me generaba rechazo por mero amor al discurso. El caso es que él solía decir a sus chicas: "Hablemos menos, por amor al olfato, que precede a la oralidad"...

4 dic 2009

Feliz, tu cumpleaños

Hoy cumplís años y prometí a mis amigas cortarme todos los dedos de la mano si te enviaba tan sólo un mensaje de texto. Creo que en este tipo de fechas hay un silencio, un suspenso implícito porque se hace obvio que alguno de los dos, en algún momento del día, se acuerda del otro.

Me pregunto cómo será este año el festejo, qué habrás planeado y si será en la terraza y con pelopincho incuida. A quién habrás invitado y si algún distraído preguntará por mi ausencia o ya todos me habrán olvidado.

Me causa unos celos espantosos tu heladera. El pensar a otra mujer que no sea yo familiarizandose con ella, abriendola a cada rato para acomodar las bebidas y para reponerlas hasta el hartazgo. Voy a ir al infierno cuando muera, pero tengo ganas de que los zapatos le saquen ampollas y al abrirla descalza se quede pegada.

Me doblo de bronca, de dolor, siento verguenza al reconocerlo, pero quisiera ser yo quién pase el trapo de piso en tu baño decrépito a mitad de la noche, por más que mis manos luego apesten a lavandina. Si, hoy no soy feminista.

Cierro los ojos y puedo imaginarme allí, acomodando algo sobre la mesa. Vos venís desde atrás y me abrazas, me envolvés con tus brazos fuertes y me llevás al centro del lugar. Con picardía haces que juntos bailemos un tema bizarro, un regueton meloso. Te miro y me parecés hermoso, ahora el chico rudo está bailando un tema que jamás hubiera imaginado. Me gustás y te gusto. Quiero que la fiesta termine y acabemos desnudos aca mismo, sobre el piso.

Vuelvo a tierra, hago pie y me encuentro sola esta noche, enviandole mensajes de texto a cualquier amiga para no mandartelos a vos, y me siento desterrada, privada más que nunca de tu universo.

Esta noche hermosa soy una infeliz. Esta noche, otra tomará mi lugar y sacará una bella torta de la heladera, te prenderá una vela y más tarde te la va a soplar.
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3 dic 2009

Malco

Lo escuché en el kiosko...

Como todos los días salí apurada del trabajo. Mis piernas caminaban hacia la parada del colectivo y mi brazo derecho revolvía el interior de la cartera tratando de pescar entre mis dedos alguna moneda para poder sacar boleto. Mi cabeza rebobinaba para asegurarse si había dejado los sobres en la recepción que debían salir al día siguiente a primera hora y se adelantaba adivinando la nota que debía ir a buscar a la facultad.
Mientras mi mente se extraviaba por allá, mi cuerpo acéfalo hizo pie en la calle ignorando el hombrecito colorado que indicaba la apertura reciente del semáforo. De repente y luego de escuchar una frenada, me encontré paralizada frente a una 4x4. Enseguida volví hacia el costado de la calle y el conductor, tras ponerse en marcha nuevamente, bajó su ventanilla de vidrios polarizados, una señora rubia de anteojos oscuros saco su cabeza y mostrando todos sus dientes gritó: ¡Mirá semáforo malcogida! Y siguió camino.
Confundida, culpable, estúpida, ruborizada me subí al cordón de la vereda. Mi cuerpo se hacía pequeño y sentía como si una torre de ladrillos se contruyera encima de mis hombros.

En los segundos siguientes armé y desarmé la situación varias veces. Las palabras dichas por la conductora resonaban en mi distorcionadas. volvía a la imagen de su cara, hacía zoom en su boca, en sus dientes apretados que pronunciaban explosivamente: Mal cogida!.
Entonces me pregunté si era una buena idea pedir opinión a cualquier peatón que andaba por allí sin ser encerrada por loca. Si alguno podría confirmarme si se me notaba realmente en la cara.
Mas allá de la negligencia o la distracción… semejante apreciación, por alguien del mismo sexo, se convierte en traición.

2 dic 2009

Propiedad intelectual


La casetera desplazada, deprimida y cubierta de polvo no entra en discusión y tampoco la cafetera, esa que un día perdió misteriosamente su jarra de vidrio. El juego aquel de ocho sillas es perfectamente divisible por dos pero de la replica dudosa de Van De Rohe hay solo una.

El resto a quien le pertencece... ¿Qué es tuyo y qué es mío? ¿Ahora dónde empiezo y dónde termino? Mis particularidades estando con vos y las tuyas estando conmigo. Qué te gustaba a vos realmente y que a mí en soledad.

-Ese autor me gustó siempre
- No, no es cierto, ahora parece gustarte más, como si así intentaras resucitarlo absurdamente...
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22 nov 2009

Manzanas verdes en mi panza


Hay manzanas verdes en mi panza cuando estoy en camino

cuando en la puerta espero

cuando te abrazo como borracha y me cuelgo en tu cuello

y las hay también cuando te pones hosco

Hay manzanas en mi panza cuando tu mirada se descuida y te veo

Y no me digas que sólo existe tu banana porque aca hay manzanas,

son verdes, en mi panza y las siento

19 nov 2009

Faltan alcachofas en las verdulerías

Esta semana no puedo encontrar alcauciles en las verdulerías y cuando, como ahora, es su temporada, yo no puedo parar de querer comerlos.
Esto no es metáfora, hablo de la flor que da la planta, esa que parece algo antigua, casi de plástico y mutante.

Suelo comer dos alcauciles, también llamados alcachofas, al mediodía y a veces hasta tres por la noche. Así intento aprovechar todo lo posible estos meses en lo que florecen, viven algo, para inmediatamente ser vendidos en la verdulería donde finalmente son comprados y devorados por mí.
Los hiervo 15 minutos en agua y preparo un brebaje de aceite y aceto en un recipiente pequeño, que luego será la bañadera donde sumergiré el extremo más carnoso de cada hoja el cual terminará arrasado por mis dientes frontales, discriminando el resto de la hoja.
Entonces los voy desarmando, como y apilo las hojas ya sin gracia, haciendo una especie de torre vegetal. Pero al final llega lo mejor: el corazón del alcaucil. Demasiado rico.
Estoy desesperada peregrinando unas cuantas verdulerías, pero parece que no están entregándoles alcachofas y esto me tiene insatisfecha. Tampoco consigo la planta en algún vivero para plantar un par en el patio y autoabastecerme, evitando así este periodo de abstinencia donde los espárragos no logran un efectivo reemplazo
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18 nov 2009

Fuera de juego


El mozo se acerca, vos pedís y yo me disculpo... por no saber todavía qué tengo ganas de tomar.

Estás nervioso, alborotado. Todavía no soltas palabra, pareciera que todas se manifiestan en un silencio, se apretujan encadenadas, encimándose; las de afuera se adelantan y desplazan a las otras más sentidas, y así terminan anuladas.
No es vergüenza lo que las atolondra, es tu ansiedad por decir y vivir tu merecido triunfo.
El mozo deja tu café y le pagas apresurado. Ahora que es el momento para que comiences no lo haces tampoco y evito decirte las ganas que me invaden de irme a casa a dormir una siesta asesina, de hacer pausa entre las sábanas y que las frazadas me pesen.
A través de la ventana miro el kiosko de revistas muy colorido y sigo cada tapa de ejemplar hasta recorrer las últimas horizontalmente. Luego les sigue un colectivo de línea desconocida que se mantiene inmóvil esperando que abra el semáforo. En él observo que viaja un hombre parecido a mi abuelo, entonces me pregunto a dónde irá o de dónde vendrá, que hará de su vida. Tomo conciencia de que él desconoce que una extraña lo estudia a la distancia, desde una cafetín clásico, de azulejos sudados de escuchar conversaciones ajenas.
¡Pero qué tonterías pienso, quiero irme!

Comienza la danza lingüística, tras contradicciones, tácticas y algunas palabras prestadas, me sentencias a muerte. Te miro con ternura y si tuviera fuerzas te rogaría un poco hasta peliarme con el cielo, ¿pero cómo decirte que hace tiempo me siento fuera de juego…?

Traicionera mi mente se escapa y te abandona, sin precaución cruza la avenida y toma el 93 para encontrarse con él en su departamento. Estamos en el balcón enjaulados y somos dos animales que no necesitan más que lo indispensable. Las macetas robustas de patas y cemento nos refrescan en la tarde calurosa. Extraño esa manera de querer.
Dónde estas.

Le indicas al mozo la cuenta pero él te recuerda que ya le pagaste.
Las últimas estrofas empaquetadas sellan nuestro final. Así te alejas creyendo tu historia y yo protegiéndote de la mía.

25 oct 2009

Fresca sin vos

Me resulta muy cómodo no estar y que ya no estés.
Es precioso que usted ya no me mire y poder descansar desprolija, cómplice, tan defectuosa, esta tarde calurosa. Es tan bello mostrarme miserable e imperceptible, Señor.
Tanto rendir y ahora yo aquí sentada, mis piernas abiertas como un muchacho, tan blancas y delgadas, se estiran y flexionan a gusto. Ahora de pie y descalza camino por el patio en ruinas. Mirando el piso trazo senderos respetando las baldosas más oscuras, paso a las más claras vuelvo a las más oscuras, donde finalmente me detengo. Levanto la mirada y descubro el techo de lata podrido a medio plegar; el sol intenso que se infiltra me calienta la cara y dejo que las lágrimas que brotan la recorran hasta quedar fuera de pista. Así pierdo el tiempo estúpidamente y me encanta hacerlo. Te pienso y sonrío con amor.
La AM mal sintonizada del “vecino del C” irrumpe la introspección. Hacia la derecha un sifón de soda de nariz filosa me mira tierno y no me resisto; me acuesto sobre las baldosas frías y acercándolo a mi boca recibo los chorros violentos de cada gatillada. Mientras tomo sin sed escucho palabras indescifrables de aquella radio remota.
Ya pasaron horas haciendo nada y sigo en el mismo lugar, boca arriba, despatarrada, fresca, sin que puedas verme.
No soy nadie y es hermoso saberlo.

24 oct 2009

Te extraño

T-e ex-tra-ño. Dos palabras no es mejor encontrarlas. No pueden reflejar este universo momentáneo. Algo se alteró repentinamente y ellas creen cargarse de sentido.

Me atravesaste tardíamente; fue un estruendo, una implosión. Imágenes del pasado y fabricadas vienen...se hacen intensas.

Es agudo, el pico de la angustia, punzante y se inflama...

ardor, luz y oscuridad… ...pero qué humedad dónde estás soy linda, tu techo y las paredes me chupas y tu barrio aquel día los libros de la mano las lecturas sobre el pasto húmedo en verano sonrisa los autores la película. Aire.Ya pasa. Se apaga.

28 sept 2009

Hola-Kioskera kio

Se concentran y dispersan arbitrariamente en las ciudades. Algunos no permiten el ingreso al espacio. Desde las veredas angostas yo te pido.
Herméticos cubos de pequeñas ventanas. Allá todo y aqui nada.
Cosas, cosos. Colores brillantes y opacos. Cartones. Miniaturas. Figuritas y forros. Pastillas dulces. Letras. Envolturas.
Los vidrios impregnados exhiben el todo. Mas allá la nada.
Yo imagino el interior difuso de esa caja de colores. Envolturas.
kioskera ahora me protejo desde adentro del cubo ¿Me ves con dificultad entre los escasos centímetros que te dejo entre afiche y afiche?
Yo desde aquí puedo, impunemente.
Envolturas.