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5 ene 2010

Quién te preguntó

El hablador ansioso y el mudo que merece violencia pueden ser perdonados. Pero el sujeto masculino que no tiene perdón es el que habla por adelantado:

- Yo realmente la pase muy mal, quedé muy marcado por una historia, no se si pueda volver a sentir algo fuerte por otra mina…,¿te jode lo que te lo comente? Es que me siento tan cómodo acá, en confianza y me pareces tan copada que me surgió decirlo...¿Entendés?

Si suponemos que esto fue dicho, por ejemplo, ante un reclamo de formalización femenina, estaríamos tan sólo ante una respuesta sincera, cordial y hasta justa, porque al final todos tenemos derecho a recular. Pero no, ésto se trata un comentario de un hombre hacia una mujer en un primer encuentro (no hace falta aclarar que muchas damas deben comenter la misma estupidez con los caballeros, ignorando así, que no siempre los machos que tienen delante esperan de cada mujer una esposa y seis hijos).
El caso es que, sea un tipazo o no, esta clase de sujeto baja el pulgar por las dudas y creé que de ese modo pasa a ser un desafío, un pop-star inalcanzable. Ahora debemos intentar por todos los medios combatir a la fulana esa que tanto daño le hizo y así lo dejó, incapaz de amarnos profundamente...

Lo paradójico es que casi siempre éstos son los mismos que después terminan volviéndose locos, y no de amor hacía una, de amor por ellos mismos... Después de sufrir en carne propia el rechazo se les hace insoportable la idea de no haber roto un corazón, o de no romper nunca ninguno. Por lo tanto, no pararán por largo tiempo de generar excusas poco creativas para tener alguna oportunidad de efectuar la rotura.
Volvamos entonces y pensemos posibles respuestas: ¿Te jode que te lo comente?


-No querido, yo también me siento cómoda y en confianza, por eso te cuento que me re cabe tu hermano...
-No, seguí hablando que te cobro la consulta.
-No, para nada. Y ya que da para la charla fuera de lugar, te cuento que en mi trabajo no cambian nunca el filtro del dispenser.

-No, decime como puedo ayudarte, dale mi amor… dejate amar…
-Te dejaron porque sos inseguro, pelotudo.


o, simplemente:

-¿Quién te preguntó?...

28 dic 2009

Inocencia pixelada

Recuerdo aquellos primeros días de diciembre.

Escuchábamos la sirena del camión de los bomberos cada vez más y más cerca. Así despabilaba a toda la manzana que saltaba la siesta del sábado. Quitaba el velo tibio a la ciudad.
Todos escapábamos de los edificios tras el auto bomba que traía al impostor.
Mi madre quedaba atrás, lejos, parada en la vereda con el peine en la mano, rogaba que nos dejáramos hacer trenzas antes de la huida. Pero nosotras corríamos y corríamos riendo, en bermudas de colores por Villa Crespo, hechas para vestir pero no para lucir.

Esas tardes calurosas en vísperas de navidad todos asistíamos a la plaza en donde se estacionaba el camión de los bomberos. En el se encontraba alguien parecido a Papá Noel que nos saludaba y a veces nos regalaba caramelos. Sabíamos de que se trataba, nos era propio el evento y lo insignificante nos significaba. Después de eso, retornábamos entusiasmadas por Dorrego, tocando timbre y corriendo, molestábamos en cualquier edificio.

Pero en una de esas vueltas camino a casa crecimos y los discursos se volvieron premeditados. Nadie nos dijo que dejáramos de correr por aquellas causas, sin embargo, lo hicimos. Así corrimos por cosas y cosos. Por la primera y la última materia. Por el trabajo cool.
Yo no se cuándo las bermudas de colores aparecieron pixeladas. Las palabras de amor rasterizadas. Tal vez fue corriendo, pero cómoda en taxi, en dirección opuesta a la plaza y su ilusión.
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19 dic 2009

Buffet Froid



Pensaba si cocinar algo y qué para la Navidad, o cantar antes que nadie “Yo llevo el helado”.
Mientras me decidía, me acordé de un recetario bastante antiguo sobre buffet froid que había comprado usado, y también de mi tía que hace años atrás solía mencionar ese tipo de cocina, sobre todo una semana antes de la noche buena cuando se mataba cocinando.
Casi todos los meses recorro librerías en busca de publicaciones actuales o antiguas de textos, de ilustraciones o ediciones con alguna estética especial, y recetarios de cocina de ediciones antiguas, sobre todo aquellos que plasmen el paso del tiempo y así su obsolescencia –como los que enseñaban a hacer el helado usando la “heladerita Antártida”-, siendo algunos también testigos de una realidad socio-cultural y hasta política de un determinado momento.

Así, como tantas veces, volvía a casa feliz con uno de mis hallazgos, esta vez, un libro sobre buffet froid llamado “La cocina divertida” con más de treinta años, totalmente ilustrado y con cuatricromía. Pertenecía a una colección dirigida a “La mujer en sus primeros pasos en la cocina” y se trataba en general de instrucciones para hacer comidas frías formando figuras con trozos de distintos alimentos, por ejemplo, un cocodrilo con la mitad de un zuccini, los ojos con dos aceitunas rellenas y los dientes con pequeños triángulos de huevo duro etc…
En fin, podría haber sido un libro más pero no lo fue porque sucedió que en la cara impar encontré pegada una nota que decía:

Ana : Te hacemos llegar este humilde regalo de parte de mi mamá y de mi. Espero sea de tu agrado. Nos estaremos viendo pronto para festejar. Te quiero y te extraño. Daniel”.

Ante el descubrimiento sentí que había comprado en la librería un pedazo de historia totalmente impropia, un pedazo de historia que alguien deshechó sin siquiera esconder esas líneas.

Ignoraba por completo quién era Ana y quién Daniel, y si ese regalo era de un novio y su madre hacia su novia. De ser así, tenía curiosidad por saber si ellos habrían terminado casados, o quizá la relación nunca había prosperado y Ana habría tirado el recetario de buffet froid al demonio. Pensaba entonces que si Daniel aún seguía con vida podría haber sido él mismo el que, mientras buscaba libros infantiles para sus nietos, se encontraba con el viejo ejemplar entre el montón y a sólo diez pesos... Pobre Daniel.

Desde ese entonces disfruto de mis pesquisas como siempre, pero soy consciente que puedo ser yo la que encuentre un libro dedicado de mi puño y letra... hacía algún rufián, que frío, cruel y despojado ofertó en alguna librería de descuento.

Creo que voy a llevar una chocotorta con forma de tortuga...




7 dic 2009

El origen del amor

En el cuento "Noches Blancas" de Dostoievski, un hombre conoce en San Petersburgo a Nateska, una joven que aguarda fiel hace más de un año la vuelta de su prometido a la ciudad. El solitario hombre acompaña a la muchacha en los últimos días de espera y termina enamorándose de ella, pero desgraciadamente la rusa le dice:

(...)-¡ Es usted tan bueno! Sino me conmoviese su bondad, sería de piedra. ¿Sabe en lo que estoy pensando? Acabo de comparar a ustedes dos en mi pensamiento. ¿ Por qué él y no usted? ¿Por qué no se le parece? Usted es mejor que él, aunque a él lo quiero más.(...)

Entonces me pregunto qué nos hace elegir a una persona y no a otra en el amor, cuántas veces hemos forzado historias con final cierto, con tal de paliar soledades. Cuántas hemos revoleado los ojos, incomodos ante un "te amo" que no esperábamos, y cuántas más no fuimos correspondidos por el hombre perfecto.

Existe un misterio en esa conexión inmediata, que no siempre puede fundamentarse en el desconocimiento del otro y en la consecuente idealización. Hay algo inexplicable que hace que uno elija a una persona sobre el resto y mañana a otra sobre todos los demás.

Algunos encontrarán respuestas en la sicología, donde todos buscamos desesperadamente una nueva mamá o un nuevo papá; en la magia, donde nuestro destino parece estar determinado, o en cuestiones supuestamente objetivas... Pero también, un gran amigo de una personalidad muy particular y adicto a Discovery Chanel, -quien además no perdonará que haya citado a Fiódor en este contexto- sostuvo siempre que la atracción inmediata se debia a una sensación positiva provista por nuestro sentido olfativo, teoría que me generaba rechazo por mero amor al discurso. El caso es que él solía decir a sus chicas: "Hablemos menos, por amor al olfato, que precede a la oralidad"...

3 dic 2009

Malco

Lo escuché en el kiosko...

Como todos los días salí apurada del trabajo. Mis piernas caminaban hacia la parada del colectivo y mi brazo derecho revolvía el interior de la cartera tratando de pescar entre mis dedos alguna moneda para poder sacar boleto. Mi cabeza rebobinaba para asegurarse si había dejado los sobres en la recepción que debían salir al día siguiente a primera hora y se adelantaba adivinando la nota que debía ir a buscar a la facultad.
Mientras mi mente se extraviaba por allá, mi cuerpo acéfalo hizo pie en la calle ignorando el hombrecito colorado que indicaba la apertura reciente del semáforo. De repente y luego de escuchar una frenada, me encontré paralizada frente a una 4x4. Enseguida volví hacia el costado de la calle y el conductor, tras ponerse en marcha nuevamente, bajó su ventanilla de vidrios polarizados, una señora rubia de anteojos oscuros saco su cabeza y mostrando todos sus dientes gritó: ¡Mirá semáforo malcogida! Y siguió camino.
Confundida, culpable, estúpida, ruborizada me subí al cordón de la vereda. Mi cuerpo se hacía pequeño y sentía como si una torre de ladrillos se contruyera encima de mis hombros.

En los segundos siguientes armé y desarmé la situación varias veces. Las palabras dichas por la conductora resonaban en mi distorcionadas. volvía a la imagen de su cara, hacía zoom en su boca, en sus dientes apretados que pronunciaban explosivamente: Mal cogida!.
Entonces me pregunté si era una buena idea pedir opinión a cualquier peatón que andaba por allí sin ser encerrada por loca. Si alguno podría confirmarme si se me notaba realmente en la cara.
Mas allá de la negligencia o la distracción… semejante apreciación, por alguien del mismo sexo, se convierte en traición.