Me resulta muy cómodo no estar y que ya no estés.Es precioso que usted ya no me mire y poder descansar desprolija, cómplice, tan defectuosa, esta tarde calurosa. Es tan bello mostrarme miserable e imperceptible, Señor.
Tanto rendir y ahora yo aquí sentada, mis piernas abiertas como un muchacho, tan blancas y delgadas, se estiran y flexionan a gusto. Ahora de pie y descalza camino por el patio en ruinas. Mirando el piso trazo senderos respetando las baldosas más oscuras, paso a las más claras vuelvo a las más oscuras, donde finalmente me detengo. Levanto la mirada y descubro el techo de lata podrido a medio plegar; el sol intenso que se infiltra me calienta la cara y dejo que las lágrimas que brotan la recorran hasta quedar fuera de pista. Así pierdo el tiempo estúpidamente y me encanta hacerlo. Te pienso y sonrío con amor.
La AM mal sintonizada del “vecino del C” irrumpe la introspección. Hacia la derecha un sifón de soda de nariz filosa me mira tierno y no me resisto; me acuesto sobre las baldosas frías y acercándolo a mi boca recibo los chorros violentos de cada gatillada. Mientras tomo sin sed escucho palabras indescifrables de aquella radio remota.
Ya pasaron horas haciendo nada y sigo en el mismo lugar, boca arriba, despatarrada, fresca, sin que puedas verme.
No soy nadie y es hermoso saberlo.


