Hay días y días... Días lindos y feos, climáticamente. Días especiales, si existe algún acontecimiento en esas fechas...También, días que no nos pasa absolutamente nada...etc... Y hay días, por ejemplo, que se tiene más luz propia de lo habitual. Si, como si hubiésemos tragado una lamparita de un millón y medio de watts, convirtiéndonos sin querer en un velador andante, esos día nos encontramos increíblemente luminosas. Días que suceden sin más y en general, y contradictoriamente, con mucha menos producción. Hombres y mujeres parecen mirarnos al caminar, tanto que por un momento creemos tener la pollera levantada porque se nos ha atascado en la bombacha. Pero nada de eso, todo está en orden. Tampoco nuestra ropa se ve mal, al contrario, el vestido se siempre hoy nos queda mucho mejor y nuestro buen semblante parece el resultado de horas de sueño o de un retoque con un photoshop versión CS 1.500.No acabamos recién ni ayer, sin embargo, parecemos relajadas, satisfechas, con una gracia extra...
Días ideales para encontrarnos casualmente con un ex por la calle. Pero por eso mismo, por estar más bellas que nunca, seguramente no sucederá.
Esos días de luz propia, mis ojos rasgados me caen simpáticos, porque encuentro en ellos un brillo singular. Titilan y titilan como las luces del arbolito que ya descansan en alguna caja. Mis ojos esos días se niegan a mirar vidrieras y me dicen que no necestio nada más porque hay luz, luz propia.


